El regreso que Gallego soñó
Estaba
desocupado, pero los dirigentes pensaron en él para reemplazar
a Ramón Díaz y al final ganó el desafío
Américo Rubén Gallego siempre fue "el" hombre. Los dirigentes
de River lo tuvieron agendado para ocupar el lugar de director
técnico cuando Ramón Díaz aún continuaba encadenando éxitos
en el club.
Desocupado
y tras su experiencia como ayudante de Daniel Passarella
en la selección nacional, Gallego también se desvivía
por regresar a Núñez, tras la feliz experiencia del Apertura
94, título que consiguió en forma invicta.
Hasta
que en febrero último las partes interesadas se encontraron,
coincidentemente con la renuncia de Ramón Díaz, molesto
por la falta de refuerzos. Casi no hizo falta limar detalles:
el técnico y la comisión directiva se pusieron de acuerdo
en dos minutos y así comenzó la segunda era de Gallego
en River, con el Clausura ya empezado.
La
ansiedad fue un sello del Tolo antes de que fuese oficializado
en su cargo. Apenas habían pasado siete minutos del partido
con Instituto, en Córdoba, por la primera fecha, y el
técnico bajó raudamente del palco para dar indicaciones.
Supuestamente iba a ver el partido desde la platea, pero
prefirió gritar y dar directivas a varios de sus futuros
dirigidos. A todo esto, el entrenador interino era Delem...
Su
presentación oficial y muchas de sus ideas en este ciclo
estuvieron signadas por la idea dediferenciarse de Ramón
Díaz. Lo dejó en claro con algunos conceptos: "Que la
gente se quede tranquila, porque River tiene plantel para
afrontar los dos torneos" y "acá, todos los jugadores
arrancan de cero".
El
Tolo, nacido en Morteros (Córdoba) hace 45 años, también
cristalizó en hechos sus disparidad de criterios con Ramón.
Porque reincorporó a Cristian Castillo y a Hernán Díaz,
que habían sido excluidos por su antecesor, porque revitalizó
el diálogo con los jugadores y porque adoptó el estudio
del rival mediante los videos, sistema que Ramón nunca
contempló.
El
estado físico del plantel fue tema de preocupación permanente
en el actual cuerpo técnico. Gallego consideró que hubo
una mala preparación en la etapa enterior, y esta cuestión,
según él, conspiró contra la posibilidad de atender de
la misma forma el torneo local y la Copa Libertadores.
El tema tuvo su correlato con la enorme cantidad de lesionados,
que ocuparon al médico Luis Seveso por tiempo completo.
Así
como mostró sus contrapuntos con el riojano, también reforzó
su amistad con Daniel Passarella. "Bueno, Tolo, espero
que ahora apliques todo lo que te enseñé", le dijo al
comienzo del Clausura el Káiser a Gallego, que siempre
se mantuvo atento a los consejos telefónicos de su padre
futbolístico.
Obsesivo
por el trabajo y por dar una imagen de profesionalismo
al estilo europeo, Gallego creyó conveniente hacerles
sentir a los jugadores que él era uno más. Hasta el punto
de que muchas veces trotó a la par del plantel y participó
de picados y de prácticas de fútbol. En ese contexto,
aconsejó y bromeó con todos en el transcurso de los entrenamientos.
Ycuando hubo que programar una concentración, lo hizo
sin importarle los días de encierro.
Se
impuso un código de conducta, en el que se castigaron
actitudes antiprofesionales ¿Un ejemplo? La expulsión
infantil ante Rosario Central le valió a Placente no ir
ni al banco en el siguiente partido.
En
varias oportunidadesGallego confundió su protagonismo
con el de los jugadores. En las victorias evidenció una
conducción personalista: "Mantuvimos el cero en miarco"
o "le gané a Boca en el Monumental". Después, el DT advirtió
esta postura y la modificó. Entonces se fijó más en las
virtudes de los jugadores:"El mérito es del equipo; yo
sólo acompaño".
Apoyado
incondicionalmente por los dirigentes, Gallego también
encontró el aval en los números. A la gran campaña del
Apertura 94 (12 victorias y 7 empates) le sumó una marcha
tranquila en este certamen, con el equipo casi siempre
en la vanguardia. Lo único que creó zozobras fue la derrota
ante Unión por 2 a 1 en el Monumental.
Así,
en cinco meses de trabajo, Gallego le dio un nuevo campeonato
a River. Un entrenador algo distante de la hinchada, que
no le perdona su táctica defensiva en la eliminación ante
Boca por la Libertadores y que sigue recordando a Ramón
Díaz. Pero que convenció a todos con un trabajo serio
y con proyección hacia el futuro, de cara a una revancha
en la Copa.